sábado, 14 de octubre de 2017

La Bella de Monterrey

La Bella de Monterrey


En el capítulo IX de la Novela Histórica “Humbled Pride a Story of the Mexican War” de John R. Musick (1893) aparece la narración de algunos hechos ocurridos en Monterrey justamente unos días antes de la Batalla entre los ejércitos mexicano y norteamericano del  21 al 23 de septiembre de 1846.

El capítulo se titula “La belle of Monterey” y no es difícil adivinar su tema: una hermosa Señorita Mexicana, con grandes dotes, inteligencia y virtud.  Todo mundo en Monterrey, nacional o extranjero sentía admiración por ella.   “De la mejor sangre azul de la Vieja Castilla”, Madelina Estevan,  era descendiente de nobles españoles que anclaron en Cuba en el Siglo XVI.  Y como ocurrió con casi todas las familias de los conquistadores de América, los Estevan, con el tiempo, se ramificaron por el continente. Algunos de sus miembros vinieron a México; otros, partieron hacia Las Colonias de Norteamérica y, éstos últimos, a la postre, cambiaron su  apellido  a Stevens.  Una profecía formulada en la novela, es que ambas familias (que al final era una sola) se volverían a unir con el matrimonio de dos de sus descendientes, naturalmente uno de cada una de sus 2 ramas principales.   Estos dos descendientes serían, la Señorita Madelina Estevan y el Capitán Arthur Stevens,  a quienes unió el sino de la guerra. 

El novelista norteamericano narra una historia donde las tropas mexicanas se muestran un tanto arrogantes y pagadas de sí mismas y los “barbáricos norteamericanos” en el fondo, no son tan salvajes como los mexicanos piensan.  A pesar de todo, la narración refleja, creo yo, un cierto sentido de culpa por los excesos a que llegaron los americanos.  En la introducción el mismo autor expresa: 

“… si hay algo en una guerra que pudiese ser llamado ética, en la guerra contra México, la nación americana tiene poco de lo que un país pudiera sentirse orgulloso.

En esta historia hay más novela que realidad, pero no dejan de ser interesantes las descripciones de lugares, hechos y personas de aquel preciso momento en la vida de Monterrey.

La guerra se cierne en el noreste de México, las tropas norteamericanas se acercan a Monterrey y los regiomontanos se preparan para el ataque. Pero la vida social de la ciudad continúa y el Alcalde ofrece, la noche del 6 de septiembre, un gran baile en su propia residencia para la alta sociedad y los principales comandantes que en ella se encontraban a la espera del enemigo.

"Si los movimientos de las demás eran elegantes, los de ella eran música en movimiento"
La imagen describe a Madelina Estevan (La Bella de Monterrey) bailiando con el General Ampudia

Estaba  en el baile el General en Jefe del Ejército del Norte Don Pedro Ampudia.
Por supuesto la señorita Estevan - relata el autor de la novela - era una de las invitadas. Era conocida como la “Bella de Monterrey”. Su nombre estaba en boca de todos y una veintena de jóvenes oficiales mexicanos habían tratado de enamorarla desde que había llegado a Monterrey; de tal forma, que no podía aparecer en su balcón sin que fuese importunada por alguno de ellos.

Fueron solo las serias invitaciones del General Ampudia y del Alcalde Mayor por las que ella consintió en asistir al baile.
El General Ampudia solicitó a Madelina el honor de ser su compañera en el primer “Valse de Spachio”. La escena era brillante, con alegres uniformes, ondeantes plumas y elegantes vestidos. La concurrencia de aquella noche era notable. Había muchos generales, congresistas y senadores, miradas alegres y muchas bellezas como Madelina de la mejor sangre azul de la vieja Castilla". 

Y la señorita aceptó la propuesta del general. 


“En aquel elegante baile, Madelina, mientras se acercaba al valeroso General perfectamente uniformado, era la atracción de todos los ojos. Bajo los brillantes candelabros, su belleza destacaba con claridad para todos. Era una belleza que parecía iluminar todo el salón con un esplendor mayor al de la realeza”.


Antes de que terminara el baile, media docena de soldados cubiertos de polvo llegaron trayendo la noticia de que el ejército norteamericano se dirigía a Monterrey.

“La bella de Monterrey” y las personas más vulnerables, mujeres ancianos y niños, debieron salir huyendo de los peligros de la guerra.

 “Una cosa tras otra retardaron la partida de Madeliana. Durante la mañana del 19 [de Septiembre], finalmente se hallaba abordando su carruaje, cuando el boom de un cañón le advirtió que los americanos habían llegado. Su hermano [El Capitán Felipe Estevan] la apremió para que hiciera un esfuerzo y escapara a pesar de las circunstancias, pues sabía que por las calles de Monterrey pronto correría la sangre. Con un grupo de sirvientes y escolta a caballo, Madelina emprendió la huida.
Felipe la siguió, determinado a verla fuera de peligro, a riesgo aún de su propia vida.
El carruaje salió por el camino hacia Saltillo y pasó esos dos formidables picos que en ese momento estaban fortificados, con la esperanza de hallarse más allá del alcance de las tropas norteamericanas, cuando de repente se toparon con un grupo de soldados americanos.  Sus chaquetas azules, altos sombreros con adornos de penachos y relucientes bayonetas eran aterradoras señales para los peones, que estaban a punto de huir y dejar a su merced dama y carruaje.
- “¡Alto! ¡Os juro que mato a quien intente huir!"
Gritó el Capitán Felipe, quien cabalgaba sobre su poderoso corcel blanco detrás del carro de su hermana.
- “Quedaos donde están. Os juro. por todos los santos del calendario, que os cortaré la cabeza”.

Los temerosos peones temblaban espantados, pero no se atrevieron a desobedecer. El Capitán Estevan galopó hacia los americanos, sosteniendo en alto un pañuelo blanco, y dijo en inglés:
- “¿Cuál es vuestro comandante? Quiero ver a vuestro oficial”.
Resonó un voz:
- “Soy Yo,”
Y para sorpresa de Felipe se le acercó el mismo juvenil capitán a quien él había rescatado de las lanzas de los Comanches.”  [Se trataba (por obra y gracia de lo novelesco de este relato) del Capitán Arthur Stevens].
- “Os reconozco, Señor, nos hemos encontrado antes” - dijo Felipe.
- “Sí, señor. Os debo la vida”.
- “Tengo que pediros un favor”.
- “¿De qué se trata? Si está en mi poder, os lo concederé”
- “Mi hermana está en el carruaje tratando de escapar de Monterrey, en el que pronto correrá la sangre. ¿Enviaríais una escolta para resguardarla hasta que se encuentre más allá de vuestras líneas de ataque y os aseguraríais de que no fuese lastimada?

- “Juro que lo haré, capitán, y os prometo, por mi honor como soldado, que será tan bien cuidada, como si fuese de mi propia familia. ¿Es eso todo?”
- “Sí, con la salvedad de que se me permita regresar a Monterrey”.
- “Por supuesto”.
El Capitán Estevan cabalgó de regreso al carruaje y, deteniéndose en la ventana del cercano vehículo, dijo:
- “Hermana, él es un amigo. El señor Americano te custodiará para que no te lastimen. Confía en él”. Y galopó de regreso a Monterrey.
A los peones se les ordenó seguir. El Capitán Stevens destinó 20 hombres bajo el mando del Teniente George Short, para escoltar a la señorita y sus sirvientes más allá de la línea de ataque extranjera. Al pasar junto al oficial americano, él,  galantemente se quitó el sombrero,  y ella vio que este “barbárico norteño” era buen mozo, gentil y sin duda valiente.
El carruaje de la señorita fue escoltado y llegó hasta una cima distante cinco millas, en donde se hallaba una hacienda grande desde la cual se podía contemplar a Monterrey.
Allí se detuvo y con unos catalejos observó los acontecimientos que siguieron. […]
Con sus lentes, Madelina vio la bandera mexicana descender y ocupar su lugar la de las rayas y las estrellas del enemigo norteño.”  ¡Cayó  la Ciudad!
La Batalla de Monterrey barrió con ella.” 
"El rugido de los cañones, el silbido de las balas, el disparo de las bombas de fuego y los mugidos de los aterrorizados bueyes, causaban una terrible estridencia!.  
Escena de un enfrentamiento durante la Guerra ( En Resaca de la Palma)

Algún tiempo después, mientras se sucedían las contiendas militares en Veracruz, Chapultepec, etc., el Capitán Stevens volvió a buscar y a encontrarse con la Señorita Madelina Estevan en Puebla (ciudad donde ella vivía). No hay mucho más que agregar… La novela dice que, una vez terminada la guerra, Madelina y Arthur contrajeron matrimonio y partieron a Kentucky,  patria  del  Capitán Stevens. Y suponemos que, como en la mayoría de las historias de amor “Vivieron felices para siempre”.


"Ella arrancó una rosa blanca"
Reencuentro de la Bella y el Capitán en Puebla

miércoles, 29 de marzo de 2017

Los Primeros Vecinos de Monterrey VII.... (Casa Sanborns. Edad: 87 años).

Casa Sanborns. Edad: 87 años.


Pasamos a la esquina sur-poniente de Escobedo y Morelos, donde hoy están Sanborns y un Burguer King.



No he podido recopilar fechas precisas sobre este lugar tan significativo en la historia de Monterrey, cuna de uno de sus más grandes hijos: el Padre Mier. Pero he encontrado lo siguiente.

La primera referencia, y muy vaga, que he encontrado sobre esta finca es de diciembre de 1709. En ese año Bartolomé de Arizpe vende al Capitán Nicolás de Ayala un solar que linda con el del Alferéz Bartolomé Gonzalez de Quintanilla y el del Capitán Diego Laruel Fernández de Castro “de parte que mira a la Iglesia de San Francisco Javier haciendo Calle con la cerca del corral del palacio”[1]. El solar comprado por Ayala se hallaría entre los de Bartólomé González y Diego Laruel Fernández. Pero no se puede precisar cuál se encontraría hacia el poniente o cuál al oriente. Y sin estar seguro si alguna de esas dos fincas coincide exactamente con la casa de la esquina sur-poniente de las actuales calles de Escobedo y Morelos, donde 54 años más tarde, el 18 de octubre de 1763, nació Fray Servando Teresa de Mier y Guerra. Eleuterio González indica que la casa fue construida por D. Francisco de Mier y fue heredada por su hijo Don Joaquín, padre de Fray Servando. En esa misma casa nacieron sus hijos y “es la número 26 de la calle del Comercio frente al Palacio de Gobierno, el cual antes fue Colegio de los Jesuitas[2]. Quién mejor que Gonzalitos para asegurar que aquella vieja casona, de su propiedad un siglo después, era el sitio donde nació el precursor, héroe y apóstol de la independencia. 

Calle de Morelos vista hacia el oriente  en1896 durante las fiestas del tercer centenario de la fundación de Monterrey. A la derecha se aprecia, en su estado original, la casona donde nació Fray Servando y, en ese año, propiedad de Don Valentín Rivero. Esta imagen aparece en el libro "José Eleuterio González: benemérito de Nuevo León" del Padre A. Tapia Méndez. 1976. Foto de la Fototeca del ITESM.


El Dr. Eleuteiro González fue dueño de varias propiedades en la ciudad, una de ellas fue aquella casona. Y mientras que el doctor vivía en su casa de la calle Dr. Coss No. 29. (entre Padre Mier y Matamoros), la casona de la calle del Comercio debió estar arrendada a Don Valentín Rivero Álvarez desde mediados del Siglo XIX.  “En la acera sur de la calle Principal [hoy Morelos] – escribe el biógrafo de Rivero – media  cuadra al oriente de la calle de la Presa Chiquita [hoy Escobedo], se encontraba la casa comercial de Valentín Rivero, que le arrendaba el también comerciante Patricio Milmo, irlandés radicado en Monterrey. Al principiar el año 1854 el propietario pidió la desocupación de la finca. Seguramente entonces decidió Valentín Rivero ocupar la antigua y amplia casona en la esquina suroeste de aquellas calles”[3].

En su lecho de muerte, Gonzalitos, cede la casona como herencia a beneficio del pueblo regiomontano. En la cláusula 6ª de su testamento fechado el 31 de Diciembre de 1887 expresa: “Es mi voluntad que se venda la casa que tengo por la calle de Morelos, frente al Palacio de Gobierno, y que su producto se destine por mitad al Hospital Civil y a la Escuela de Medicina de esta capital”[4]. Y al año siguiente, Don Valentín Rivero, “Compra a la testamentaria del doctor José Eleuterio González, en 16 mil pesos[5]aquella propiedad.

Don Valentin Rivero Álvarez
La vivienda era muy amplia. Albergaba no sólo a la familia de Don Valentín, su esposa Doña Octavia Gajá[6] y sus hijos[7], sino también a las oficinas del viceconsulado español (ya que el Sr. Rivero era vicecónsul). La finca además “servía de almacén a los productos de hilados y tejidos de “El Porvenir” y a las oficinas dedicadas a asuntos financieros[8].

Carlos Pérez Maldonado narra una interesante anécdota vivida por la familia Rivero Gajá en aquella casona. En el año de 1864 “al hacer los franceses su entrada a nuestra ciudad, - escribe Maldonado - tanto al Jefe del Estado Mayor Lewal como al Coronel  Lussan les fue asignada la residencia de la familia Rivero para que se hospedaran en ella… Don Valentín Rivero…  dado su carácter de representante de una potencia extranjera, se negó a recibir en su casa a los oficiales. Caía menuda lluvia y el calor y la humedad eran insoportables, a lo cual no estaban acostumbrados los franceses, después del clima fresco y seco de la altiplanicie, y aquel tiempo bochornoso exasperaba a todo el mundo, aparte de que el momento era poco propicio para que el jefe del estado mayor de la División, Teniente Coronel Lewal, comprendiera la situación, puesto que el señor Rivero no hablaba francés. Entonces Lussan trató de persuadirlo, en su pobre español, de que al menos lo dejara hospedarse por veinticuatro horas, prometiéndole irse después a alojarse a otro lado. La discusión fue airada. El Comandante se impacientaba y ya hablaba de instalarse por la fuerza cuando la señora Rivero, que había sido educada en Burdeos y hablaba perfectamente el francés, exclamó con firmeza – “contra la fuerza no hay razón que valga”. Por fin se calmaron los ánimos; Don Valentín también se calmó y todo quedó arreglado según se había propuesto. Al día siguiente los oficiales se cambiaron a la casa de enfrente, y sus relaciones sociales con la familia Rivero se tornaron desde entonces muy cordiales.[9].

Murió Don Valentín en aquella casona. El 29 de Julio de 1897,  “por su gran portón salieron los restos corporales de Don Valentín Rivero. La procesión de familiares, amigos y pueblo llegó a la iglesia del Roble donde se celebraron "suntuosas exequias". El cortejo se dirigió después al Panteón Municipal donde la familia Rivero tenía su mausoleo…[10].

Por fin comenzó el siglo XX, la familia Rivero Gajá, o al menos la familia de Don Valentín Rivero, hijo, trasladó su domicilio a la hermosa mansión frente a la Plazuela Degollado (en la acera sur de la Calle de Hidalgo).

La antigua mansión, siguió manteniendo, pero sólo por breve tiempo, su aspecto monacal y norestense. Sus sobrias ventanas resguardadas por burdos barrotes de fierro y sencillos remates de plomo; sus postigos y puertas dobles de pesada madera; sus sencillas molduras… todo sucumbió ante el deseo de prosperidad y desarrollo.

Ampliación de la Calle Morelos en 1930. Al fondo a la derecha se observa la finca ya modificada donde nació Fray Servando y en ese momento propiedad de la Familia Rivero Gajá. Fotografía de la colección de Tomás Mendirichaga, del libro "Los Cuatro Tiempos de un Pueblo... " de Rodrigo Mendirichaga. Compartida en FB por Condesa Mont, 

En 1930, durante el gobierno del Lic. Aarón Sáenz, se decretó la ampliación de la Avenida Morelos, desde Zuazua hasta Garibaldi. Las antiguas fincas de la acera sur de la arteria perdieron, cada una, 5 metros de profundidad. Éstos fueron ganados por la calle que se convirtió en Avenida Morelos.  El cronista José P. Saldaña argumenta que aquella iniciativa despertó al sector privado de la “apatía en que se hallaba con motivo de los continuos desbarajustes políticos y sociales por los que había atravesado el país[11]. Se espabiló el sector privado, pero se destruyó el patrimonio histórico urbano de la ciudad.

La casa donde nació Fray Servando se puso un vestido nuevo. Adquirió una fachada de estilo ¿ecléctico?, ¿morisco…? Yo no sé cómo calificarlo. Pero ya el 5 de octubre de 1930,  fecha de la inauguración de la ampliación de la Avenida Morelos, el edificio lucía ya su nueva arquitectura.

La esquina fue ocupada, entre los primeros, la casa “La Nueva China” dirigida por inmigrantes Chinos, comerciantes de perfumes. Éstos “se distinguían porque siempre ganaban el concurso de aparadores que en esos años se hacían entre los comerciantes de la calle Morelos en época navideña, pues eran muy ingeniosos[12].
En 1936, se establece allí la empresa Sanborns. Como se había hecho en la Ciudad de México con la antigua casa llamada “De Los Azulejos”, en Monterrey se acondiciona aquella casona ya reformada y abre al público un negocio innovador para su época con farmacia, cafetería, restaurante, fuente de sodas, etc. Todo en un solo lugar. Su inauguración fue el16 de julio de 1936.

Avenida Morelos después de la Ampliación de 1930. A la izquierda el edificio del Sr. Rivero ocupado por la Perfumería La Nueva China. Postal compartida por Roberto Iruegas en Facebook.


Desde entonces aquella esquina ha sido un punto de convergencia para regiomontanos y extranjeros, especialmente americanos. “Muy recomendable” –anunciaban en la década de 1930 las guías turísticas. Allí se ofrecía comida de calidad a precios moderados. “Higiénico, con aire acondicionado, fresco en verano y cálido en invierno” Destacaba su cafetería, sus salones de té y de cocteles, su fuente de sodas... Todo aquello era novedoso en aquel momento. Era, según su propaganda, “la sede de los automovilistas norteamericanos”.

Hoy, Sanborns, sigue atendiendo al público. Su entrada principal por la calle Escobedo. En el glorioso lugar que vio nacer a Fray Servando hay ahora varias tiendas comerciales, que no evocan en lo más mínimo nada patriótico o de identidad regiomontana a no ser por una tímida placa de bronce, casi oculta, que da cuenta de lo que fue aquél lugar.

Hoy en la célebre esquina hay un colorido y paradójicamente “triste” Burger King.
Mejor “nos vemos en Sanborns”.

Burger King y Sanborns imagen actual. Compartida por Jesús Treviño Rodríguez en Facebook






[1] Cfr. CAVAZOS GARZA, Israel, Catálogo… op. cit., 1178). IX, fol. 167, no. 50.
[2] GONZALEZ, José Eleuterio, Biografía del Benemérito mexicano D. Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra en Armas y Letras UANL 1963
[3] MENDIRICHAGA CUEVA, T., & MENDIRICHAGA, R. (1989). El inmigrante: vida y obra de Valentín Rivero. Monterrey, México, Emediciones p. 99.
[4] DAVILA, Hermenegildo Biografía del Dr. D. José Eleuterio González (Gonzalitos) Monterrey, Tipografia del Gobierno en Palacio, a cargo de Viviano Flores, 1888., pp. 69-70.
[5] MENDIRICHAGA CUEVA, T. El inmigrante… op. cit. p. 265.
[6] Casados en la iglesia parroquial de Tampico, Tams. 16 de enero de 1845.
[7] La pareja tuvo once hijos: María Higinia, José Valentín, María Modesta, José María, Víctor, Manuel G., Juan Bautista, Ramón, Eugenio Antonio, María Antonia Eusebia y María de los Ángeles.
[8] SALDAÑA, José P. Estampas Antiguas… op. cit. p. 137.
[9] PÉREZ-MALDONADO, C. Narraciones historicas regiomontanas. Mexico, Imprenta El regidor, 1961 p. 72.
[10] MENDIRICHAGA CUEVA, T. El inmigrante… op. cit. p. 9.
[11] SALDAÑA, J. P.  Y qué hicimos?--: Monterrey en el siglo XX. Monterrey, N.L., Méx, Producciones Al Voleo-El Troquel 1988, p. 61.
[12] ESPINO BARROS ROBLES, E. El Monterrey de mi niñez, adolescencia y juventud, 1930-1950. [Monterrey, Mexico], Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León 2007, p. 132.

lunes, 20 de marzo de 2017

Los Primeros Vecinos de Monterrey VI.... (Edificio de La Nacional Compañía de Seguros sobre la Vida, S.A. Edad: 79 años)

Edificio de La Nacional Compañía de Seguros sobre la Vida, S.A. Edad: 79 años

Edificio La Nacional
(del Membrete de una de sus oficinas 1940)
El lugar en donde hoy se encuentra el Edificio de La Nacional Cía. De Seguros Sobre La Vida, es otro de los terrenos que alguna vez fueron del Convento de San Francisco Javier de los Padres Jesuitas.

A fines de siglo XVIII toda la manzana que forman las calles Parás, Morelos, Emilio Carranza y P. Mier pertenecía a Doña María Josefa de Mier[1],  hermana del célebre Fray Servando y Viuda de Juan Rosillo Enciso y Rosicler, administrador de las alcabalas en el Nuevo Reino de León.

En 1793, el 8 de julio, Josefa de Mier, quien años más tarde se retiraría a una vida monástica al igual que dos de sus hijas y su hijo Fr. Juan Cuauhtemótzin Rosillo[2],  vendió la mitad norte de aquella manzana por 600 pesos a José María Flores. “La casa estaba compuesta de una sala, cocina y corral cuyo solar estaba cercado de sillería.”[3].

José María muere unos años después. Es sepultado en el cementerio de la ciudad el 19 de noviembre de 1799[4]. Su esposa y albacea Doña Francisca de Cárdenas, debió seguir viviendo en la casa de su morada con sus hijos menores hasta su muerte el 7 de abril de 1803[5]. En el expediente que contiene su testamento, el inventario de sus bienes, deudas y deudores[6] se enumeran como hijos de la pareja los siguientes: “Doña María Josefa, difunta, Don Juan José, casado con Doña Ana María González, Don José Roberto casado con Doña Clara María de cárdenas, Doña María de Jesús casada con Don Alberto Nunin, vecino de la Villa del Saltillo y Don José Ramón casado con Doña María Luisa Martínez. Así como los 4 menores de 14 años Don José Ciprian, Don Félix, Doña María Francisca y Don Pedro José Flores. También enlista a dos pequeños que murieron durante su infancia: Don José de Jesús y Don José Cesario. Todos son herederos de los bienes de la difunta, especialmente sus 4 hijos menores. Los bienes de Doña Francisca, según la tasación ascendía a un total de 4,761 pesos y un real. De los cuales unos 1,500 eran el valor de la propiedad con sus puertas cerraduras, etc. El inventario y testamento son muy interesantes, allí se enlista de todo: propiedades, puertas, dinero, ganados, cuadros, estampas, ropa de uso y de cama, vajillas, cubiertos de plata y utensilios de oro, deudas y deudores, etc. Los 4 niños menores debían heredar cada uno un total de 753 pesos con 3 reales y 5 granos. Por esa razón, y porque la propiedad se iría deteriorando, José Antonio de Cárdenas, hermano de la difunta y curador de los pequeños, decide, años después, poner la casa a la venta. El testamento afirma que la casa, “sita en esta Ciudad, se compone de cinco piezas, corral de tapia y noria, y es así una sala al lado de arriba de doce varas con tres puertas con su cerradura y una ventana”[7].

Callejón de Parás. c. 1940. Toda la Manzana del lado izquierdo perteneció a Doña Josefa de Mier, hermana de Fr. Servando.
Al fondo el edificio La Nacional

El 14 de abril de 1806, José Antonio Cárdenas y Ramón Flores (hijo de Doña Francisca) encargados de hacer cumplir la voluntad de la difunta, vendieron en 1,400 pesos aquella casa “sita en la calle comúnmente llamada de los Arcos con la que linda y es su frente principal al rumbo Norte, por el Oriente con callejón que dicha calle atraviesa a la Real por el Sur con solar de Doña María Josefa López Prieto y  por el poniente  con callejón también que atraviesa de una a otra Calle” al sacerdote Pedro de Hombre[8], prebendado de la catedral de Monterrey durante la época de la lucha independentista. Este sacerdote fue nombrado canónigo en 1801 y aparece años después en las listas de españoles a ser expulsados por la federación[9].

A la muerte del Padre Pedro Hombre, ocurrida a mediados de 1842, quedó como heredera de sus bienesDoña Josefa Flores, viuda de Andrés Viteri. Éste, comerciante español, aparecía, al igual que el Padre Hombre, en la lista negra de quienes debían ser expulsados. Pero, al ser casado con una mexicana, quedó exento de la expulsión, al igual que el clérigo, el 29 de abril de 1929. Viteri poseía una cuantiosa fortuna y un negocio boyante. Era uno de los comerciantes más acaudalados del estado y quizá del país[10], sus negocios se extendían por Tamaulipas, San Luis Potosí y quizá por otros estados del noreste de México. A su muerte en 1841, sus bienes eran cuantiosos, solo sus clientes le debían unos 60 mil pesos, además de lo que poseía en activos fijos y mercancías[11].
En el primer plano las dos manzanas que formaron los terrenos del Convento Jesuita
de San Francisco Javier. Al centro el edificio La Nacional estilo Art Decó.
El 27 de Octubre de 1847, José María Viteri Flores, hijo mayor del Sr. Viteri y su esposa venden “por sí y en representación de sus menores hermanos”  a José María Morell, aquella casa “sita en la calle Terán (hoy Padre Mier) de Monterrey, compuesta de 10 piezas, noria común, caballeriza, noria y demás mejoras en terreno de 38  2/3 varas de frente al norte y 42 3/4 de fondo al sur por 8,250 pesos.”[12] La propiedad había prosperado mientras perteneció al Padre Hombre (persona de confianza del Sr. Viteri, quien le custodiaba parte de su hacienda, según la tesis de Omar Moreno[13]) y a la Viuda de Viteri. Se duplicaron el número de piezas de la casa y ahora poseía una caballeriza.

José Morell fue uno de los fundadores de la Fábrica de textiles de la Fama en Santa Catarina NL, junto con Gregorio Zambrano, Manuel M. de Llano, Valentín Rivero y demás socios.  Al parecer en aquella casa “de modesta fachada y amplias piezas que enmarcaban bello jardín[14] no habitó la familia de Don José María Morell y su esposa Doña Juana Anguiano, o al menos no siempre. Estuvo al menos tres veces hipotecada: en 1860 a favor de María Antonia Arrese y Llano; en 1873, a favor de Juan González y en 1881, a favor de Bernardino García[15] y escribe el cronista José P. Saldaña que allí residió el Lic. Don Crispiniano Madrigal, “de las confianzas absolutas del General Don Bernardo Reyes, puesto que era su cuñado por doble partida, ya que se había casado con dos hermanas del General. Además de numerosos puestos políticos que ocupó, el licenciado Madrigal actuó, durante muchos años, como Notario Público[16].

Don Ramón García Chávarri c. 1864
Colección Familia Llaguno
Imagenes de Nuestra Memoria
del blog Fermin Tellez
Los hijos del la pareja Morell Anguiano de nombres Tomás Ricardo, Enrique, José, Isabel, Juana, Carmen y Josefina, al morir sus padres, vendieron la propiedad el 28 de diciembre de 1888 a Ramón García Chavarri, secretario de gobierno de Nuevo León durante muchos años, por 9,500 pesos. “La casa tenía 33 varas (27.72 metros) y tres cuartas de frente al norte y 40 varas (33.60 metros) y media de fondo al sur”. Chávarri “fue Secretario General del Estado – escribe Saldaña – a   partir de 1890 hasta 1909, en que el General Reyes abandonó el poder. Era Don Ramón un hombre de regular estatura, más bien flaco que gordo. Ningún rasgo físico sobresaliente lo distinguía. Era inteligente, honrado a carta cabal y trabajador apasionado. Sin ser abogado caminaba perfectamente en todos los asuntos que se relacionaban con su delicado puesto.”

La breve semblanza de Ramón García Chávarri[17] escrita por Agustin Basave en 1945[18] se asemeja a la biografía de un santo. Chávarri fue un neoleonés al servicio de los suyos por más de 25 años, primero como tesorero del Estado y después como Secretario General de Gobierno “Era esbelto, seco, barbado, distinguido, ceremonioso, acostumbraba enfundarse en una larga levita cruzada y tocarse con un sombrero de copa, de aquellos que iban para altos y se truncaban, por modestia, a medio camino (…) Era la cortesía personificada”. Nació en Galeana, NL en 1839. Vivió durante su infancia y estudió las primeras letras en Linares, NL. Realizó sus estudios secundarios y superiores en el Seminario Conciliar de Monterrey en donde trabó estrecha y perdurable amistad con uno de sus condiscípulos: Santiago Garza Zambrano, el mismo que llegó a ser el segundo Arzobispo de Monterrey.

Una vez establecido en Monterrey, ya como funcionario de gobierno, lloviese o tronase, nunca faltaba a su trabajo. Y encima de todo era un católico devoto que dedicaba su tiempo libre, los sábados, a impartir el catecismo a los niños del barrio en su propia casa. Es sorprendente imaginar los patios interiores de su casa llena de muchachos recitando el catecismo del Padre Ripalda. Esos patios hoy ya no existen, son la planta baja del Edificio La Nacional. En 1864, Don Ramón contrajo matrimonio con Doña Guadalupe Muguerza Crespo[19], hermana de Don José A. Muguerza, fundador del Hospital que lleva su apellido[20]. De la pareja García Mugerza nacieron 8 hijas que vivieron por largo tiempo en aquella su casa familiar de la Calle Padre Mier entre Parás y Emilio Carranza. Fue allí donde la muerte disfrazada de “neumonía gripal” recogió a Don Ramón García el 20 de abril de 1909 a las 8:15 de la noche[21]. Ésta no lo sorprendió, él la esperaba… trabajando. “Durante su última enfermedad – escribe Basave – siguió dictando oficios y acuerdos hasta… la víspera del día de su muerte. Se refiere que en esos días le llevaron a firmar un decreto que aparecería publicado el día 1º de Mayo de 1909 en el Periódico Oficial; pero lo escrupuloso de su carácter lo hizo rehusarse a firmarlo con anticipación, no fuera a ser que muriese antes y apareciese el escrito firmado por él, en fecha posterior a la de su fallecimiento. Así hubiera sucedido efectivamente, de haber estampado su firma Don Ramón. El decreto quedó pendiente de tramitarse y hubo de nombrarse rápidamente al sucesor, para que aquél quedase en regla. De esta manera, el Sr. García Chávarri murió como buen artillero, al pie del cañón”[22].

Doña Guadalupe Mugerza de García Chávarri murió años más tarde, el 18 de marzo de 1935, “a las 15 horas en la casa Número 303 de la Calle Bolivar[23]  también de pulmonía. Sus restos, al igual que los de su esposo y cuatro de sus hijas descansan en el panteón de El Carmen[24].

Toma nocturna de La Nacional c. 1940. Postal compartida por Luis Martín en FB. Monterrey Viaje al Pasado


En aquella casa familiar, por muchos años propiedad de los García Muguerza, se comenzó a construir  un par de años después de la muerte de Doña Guadalupe Muguerza, el Edificio de La Nacional Compañía de Seguros Sobre la Vida, S.A.  Éste fue inaugurado en 1938 y su construcción se llevó a cabo bajo la dirección del Ingeniero Armando Díaz Moreda

Ing. Armando Díaz Moreda c. 1950.
Fuente: Maria Eugenia Mier MyHeritage 
Díaz Moreda nació en la ciudad de México el 9 de febrero de 1907, según su partida de bautizo, de la Iglesia de San Cosme de aquella ciudad[25]. Fueron sus padres Don José María Díaz de León[26] originario de Guadalajara y Doña Carmen Moreda Falomir[27], de la ciudad de Chihuahua.  Moreda realizó sus estudios superiores en La Universidad Nacional Autónoma de México que le otorgó el título de Ingeniero Civil el 21 de junio de 1928[28]

Un par de años más tarde se encontraba trabajando en Monterrey. “Desde 1931, y a lo largo de esa década, produjo varios proyectos de canalización del río Santa Catarina; realizó el trazo de la colonia Terminal; proyectó y construyó la Plaza de Toros Monterrey (hoy Monumental Monterrey) en la Colonia Del Prado, la alberca del Círculo Mercantil Mutualista y la primera versión del Paso Autel, entre otros edificios[29]. Y a la edad de 30 años dirigió la construcción del Edificio para la Compañía de Seguros La Nacional inaugurado el 22 de Agosto de 1938

Desde entonces el inmueble ha padecido algunas transformaciones o intervenciones, pero no le han arrebatado aún su estilo original. Tal como se encuentra, es considerado un Bien Patrimonial registrado por la Agencia para la Planeación de Desarrollo Urbano de Nuevo León (APDUNL).

Edificio La Nacional 1950´s
El “Programa General de Catalogación de los Monumentos, Edificios y Sitios del Estado de Nuevo León”, aunque no informa mucho sobre su historia, afirma que “el sistema estructural del edificio se encuentra en buenas condiciones. Destaca el recubrimiento de losetas cerámicas en los muros de las fachadas y el remate ascendente del edificio, característico del art decó.”[30] Actualmente sigue operando allí la Compañía De Seguros La Nacional además de oficinas y comercios. Éstos en la planta baja (Oxxo y Torta Barva, y algún local desocupado según se observa en Google Earth).


El actual Edificio de Seguros la Nacional Forografía compartida por Pepe Gómez FB (Monterrey Antiguo)






[1] Cfr. MENDIRICHAGA CUEVA, Tomás, Monterrey Antiguo, Casas y Materiales de construcción I op. cit. p. 585.
[2] Hacia 1917, declara Fray Servando, que su hermana “tiene un hijo Franciscano en la Provincia de Xalisco, llamado Fr. Juan [de Quatemoctin Rosillo] y tres hijas, y ella es actualmente Religiosa con dos de las hijas, en una especie de Beaterío, que hay en Monterrey” Cfr. Declaraciones de Fr. Servando Mier, del 22 de Septiembre de 1917 en HERNANDEZ y DAVALOS J.E. Colección de Documentos para la Historia de la Guerra de Independencia de México de 1808 a 1821 Tomo VI José Maria Sandoval Impresor México 1882 p. 189.
[3] MENDIRICHAGA CUEVA, T.  op. cit. p. 585
[4] México, Nuevo León, registros parroquiales, 1667-1981, database with images, FamilySearch: 21 May 2014, Monterrey, Catedral, image 131 of 351; Parroquias de la Iglesia Católica, Nuevo León (Catholic Church parishes, Nuevo León).
[5] México, Nuevo León, registros parroquiales, 1667-1981, database with images, FamilySearch: 21 May 2014, Monterrey, Catedral, image 222 of 351; Parroquias de la Iglesia Católica, Nuevo León (Catholic Church parishes, Nuevo León).
[6] AMM, Ramo Civil, vol. 177, expediente. 6. 
[7] Cfr. MENDIRICHAGA CUEVA, T.  op. cit. p. 585.                    
[8] AMM, Protocolos, vol. 27, 185. Cfr. MENDIRICHAGA CUEVA, T.  op. cit. p. 585.  .
[9] AGENL, Caja 4, CL-12/165, 28 enero 1828 Cfr. AAVV Monterrey origen y destino Tomo III, Monterrey 2009, p. 195.
[10] Cfr. MORENO GARZA, Omar Alejandro Tesis Historia de Nuevo León y los ciclos Económicos durante la primera mitad del siglo XIX. Agricultura, ganadería, comercio, industria y otras actividades primaras de 1821 a 1855. UANL Abril 2015.
[11] Ibidem.
[12] Protocolo del escribano público Tomás Crescencio Pacheco. Año 1857. Folios 236 a 246 vuelta. Archivo General del Estado de Nuevo León. Cfr. MENDIRICHAGA CUEVA, T. op. cit. o 585.
[13] Cfr. MORENO GARZA, Omar op. cit.
[14] Cfr. SALDAÑA,  José P. Estampas de Monterrey Gobierno del Estado de Nuevo León, 3a Ed. 1891, p. 102.
[15] Cfr. ALVAREZ HERNANDEZ M. Magdalena A ustedes les consta, Una Historia de dinero, guerra y mercancías, Tomás Pacheco 1856-1865”, Monterrey 1998, Serie: Catálogos. 5/15, 16/32 y 21/98.
[16] Cfr. SALDAÑA,  José P. Estampas… op. cit. p. 102.
[17] (Galeana, NL 8-Dic-1839 – Monterrey, NL 20-Abr-1909).
[18] BASAVE  A., Constructores de Monterrey, ITESM, 1945 pp. 49-53.
[19] (Monterrey,  NL 27- May-1847 – 18-Marzo-1935).
[20] Según la Genealogía de Sanchiz (IIH-UNAM), la pareja García Muguerza tuvo 8 hijas. Ellas son: María Luisa (1866);  Julia (1869);  Bárbara (1873-1880); Virginia (1875-1930) casada con Juan Francisco Farías Hernández (1874-1960);  Mercedes;  María casada con Fernando Zambrano; María de la Luz y  María Juana (1879).
[21] Según su acta de defunción: "México, Nuevo León, Registro Civil, 1859-1962," images, FamilySearch: 21 May 2014, Monterrey, image 687 of 1201; Archivo General del Registro Civil del Estado de Nuevo Leon (Nuevo Leon Civil Registry State Archives).
[22] BASAVE  A., Constructores de Monterrey, ITESM, 1945 pp. 49-53. Basave señala como víspera de la muerte el 21 de abril, pero el acta de defunción (cita No. 65) asienta el día antes como fecha de fallecimiento.
[23] "México, Nuevo León, Registro Civil, 1859-1962," images, FamilySearch: 21 May 2014), Monterrey > image 493 of 824; Archivo General del Registro Civil del Estado de Nuevo Leon (Nuevo Leon Civil Registry State Archives).
[24] Cfr. CASAS GARCÍA, J. M., y  CAVAZOS PÉREZ, V. A.  Panteones de El Carmen y Dolores: patrimonio cultural de Nuevo León. Fondo Editorial de Nuevo León, Monterrey, México, 2009 pp. 235-236.
[25] "México, Distrito Federal, registros parroquiales y diocesanos, 1514-1970," database with images, FamilySearch: 20 July 2015, San Cosme y San Damián (San Cosme) > image 416 of 664; parroquias Católicas, Distrito Federal (Catholic Church parishes, Distrito Federal).
[26] 26 marzo 1882 – 13 diciembre 1919.
[27] 1864 – 1932.
[28] UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO. Ingeniería. Órgano de la Facultad Nacional de Ingenieros, UNAM. Mexico, D.F.  1928.
[29] CASAS GARCÍA, J. M., y  CAVAZOS PÉREZ, V. A.  Panteones de El Carmen y Dolores: patrimonio cultural de Nuevo León. Fondo Editorial de Nuevo León, Monterrey, México, 2009 p.  136
[30] PROGRAMA GENERAL DE CATALOGACIÓN ESTRATÉGICA DE LOS MONUMENTOS , EDIFICIOS Y SITIOS DEL ESTADO DE NUEVO LEON, Agencia para la planeación del Desarrollo Urbano de Nuevo León. Identificación 0506. Monterrey NL 2006.

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